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Nunca ha entrado a mi Facebook

enero 17, 2018

Estaba en la sala de mi casa leyendo una Atalaya que me regalaron los Testigos de Jehová el otro día y oyendo de paso la conversación (por teléfono) de mi mamá con mi tía Heidi… Mi mamá le contaba que se encontró con una tía de esas que yo no conozco, hijas de una media hermana de mi abuelito. Florcita Domínguez.

Pues resulta que esta señora Florcita, mi tía desconocida, va a la peluquería de mi mamá a hacerse las manos y los pies. Mi mamá va a cepilllarse el pelo.

Le contaba Florcita a mi mamá que a mi tía Ma.Eugenia se le veía muy contenta con su nueva nieta, que muy lindas, muy bonitas, bla bla bla y que ella pronto iba a ser abuela también, ¡la bebé nace en junio! dijo muy emocionada a lo que mi mamá respondió “¡Yo también tengo un nietecito!”

“Ah si! No te creo!” dice la tía Florcita.

Mi mamá a Heidi por teléfono: “¿Te das cuenta? Nunca ha entrado a mi Facebook”.

Mi mamá insiste: “¡Le importo una mierda!, ¡no sabía cuántos nietos tenía!, ¡es como si no existiera!, ¡nunca ha visto mi Facebook!”.

Mi mamá le dijo “sí” y le mostró una foto en el celular.

La tía Florcita remató:

¡Qué bonito es! ¡Parece una mujercita!

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Un día no vuelve a empezar

octubre 6, 2017
Carajo! Ha pasado tanto tiempo desde que no posteo nada en el blog que he perdido la clave y no puedo entrar. Ya puse seis claves y nada.
Han pasado dos canciones enteras de uno de los discos más lindos de Jorge Pardo. Entré a mi gmail a tipear el post desde aquí y ya entrar cuando buenamente pueda al blog.
Mi laptop está terriblemente infectada y no avanza con facilidad.
Mi disco de Jorge Pardo se está rayando. Puse la 5, la 6, se está rayando. Le he tenido que dar una limpiadita con mi chompa blanca, canción número 1 otra vez. Mejor…
Con esta canción quise empezar a bloguear. Creo que ya lo estoy haciendo finalmente.
Perdón por tanto texto aburrido. Me provocó escribir inicialmente porque hoy vine “despierta” del trabajo, cosa que nunca pasa. Generalmente llego, me baño rapidito, como rapidito y me duermo rapidito. Es trabajar, comer y dormir, atroz!
Hoy he llegado a la casa casi podría decir que feliz. Enérgica, no sé que pasa. Eduardo me hizo notar, cuando entré poco más que saltando al baño mientras él se bañaba, que tal vez era la combinación de sobrante de Coca Zero con el café del almuerzo, puede ser… Parece ser que mi cuerpo necesita siempre alguna sustancia motivadora. Bueno si hoy me sirve para escribir y relajarme, bienvenida la Coca Zero y bienvenido el café con leche del almuerzo.
Hoy almorcé con una gran amiga, se llama Carmencita. Nos encontramos cerca de la biblioteca (yo trabajo en una biblioteca) en un café y pedimos unas comiditas ricas. Nos hemos muerto de risa conversando, me encantó verla, me hacía falta cafeína, me hacía falta la coca de la gaseosa pero sobre todo me hacía falta una buena conversación con una buena amiga. Me ha llenado de energía, de buenas vibras. Sí, estoy feliz.
Hasta le escribí a mi papá por el messenger de fb. Para escribirle a mi papá debo estar en un estado de ánimo especial, de cierta valentía. Él me contó que está un poco enfermo pero tengo fé en que pronto mejorará, siempre fue así gracias a Dios claramente.
¡Estoy “hablándoles” de Dios! Ahora recuerdo que ayer le pedí su voluntad en mi vida. Tal vez es eso lo que cambió. Muchas veces se la pedí pero esta vez junté las manos y me tomé más tiempo de lo que suelo tomarme para este tipo de conexiones.
Estaba esperando escribir algo de esto para poder tomar mi cetirizina (pastilla que me hace desfallecer casi al instante) y acostarme. ¿La tomaré ya?
Quiero empezar mi árbol genealógico virtual. Inicialmente quería escribir acerca de eso pero se me ha juntado todo en la cabeza.
Lamento si este post está un poco de cabeza pero les prometo que lo que viene vendrá con más orden. No podía desaprovechar esta oportunidad para volver al blog.
Gracias Carmencita! Un beso a quien pase a leer este blog tan personal. Y un abrazo para ti.
Cetirizina adentro.

¿Dónde habré dejado mis llaves?

julio 18, 2017

Hoy llegué al edificio, donde vivo ahora, con cuatro chocolates para comer rápidamente antes de que llegue Eduardo y me pille. Toqué el intercomunicador porque, para variar, los dos vigilantes estaban en otra y ni me vieron en la puerta. Me abrieron, entré, “Buenas noches, buenas noches”. Pasé veloz y subí al ascensor. En el ascensor abrí el cierre de la mochila para sacar mis llaves… ¡Mierda! No están…

¿Dónde están? ¿Dónde dejé mis llaves? No lo recordaba y no importaba tanto porque lo que importaba es que no las tenía conmigo en ese momento. Me quedé  fuera.

Me fui a sentar en una banca del patio del edificio. Un patio hermoso. Siempre quise pasar el rato ahí pero en estas circunstancias era una pesadilla. Helado. Congelado.
Le escribí a Eduardo, a mi mamá y a mi mejor amiga. Nada…
No esperé más. Abrí un Kit Kat, me lo comí. Una bolsa de M&Ms, hecha. Me fui a las escaleras del edificio y abrí el segundo Kit Kat. En este punto debo resaltar porque hago hincapié en los chocolates que me he comido y es que soy comedora compulsiva y además resistente a la insulina y tengo prohibida el azúcar.
Ahora estoy sentada en las escaleras como una señora loca. Porque ahora soy una señora y las señoras no se sientan en las escaleras de emergencia a comer chocolates compulsivamente y a escondidas. Nada más alejado. Han pasado ya dos personas y un perro. He sido descubierta. No me fui al hall de recepción para no tener que ver y oír a los de seguridad mientras pecaba y para que no me vea nadie. Ay…
Al menos no me encontró Eduardo infraganti.
Aún tengo un chocolate en la mochila y mañana tengo grupo.
¿Me lo como? ¿Cuándo me lo como? Estoy muy llena ahora.
¿Dónde diantres dejé mis llaves?…

Pepe

octubre 26, 2016

Aún puedo recordar cuando conocí a Pepe. Fue hace unos 4 años más o menos.

Alguien en la casa, eso si ya no recuerdo quien, vino y me dijo que había un perro lindo corriendo en la calle, que había pasado cruzando la fachada y corriendo como para la manzana de enfrente.  Llamé a gritos a Natalie y salimos corriendo tras de él. A mi me aterraba la idea de que lo atropellen como atropellaron a Nikita, fue algo muy triste.

Corrimos dando vueltas a la manzana de en frente, a la manzana del costado, a la manzana de enfrente otra vez, luego cruzó 28 de julio, ¡casi me muero! Felizmente fue solo el susto, paso tranquilazo Pepe, como si hubiera cruzado cualquier cosa. Cruzamos nosotras y seguimos corriendo (y yo que ni sabía lo que era correr). Llegó hasta la altura de la bodega de la señora china y volteó a la derecha, cruzó nuevamente una calle jodida y llegó al parque de Almudena (antes conocido como el parque de Nicholas). Entró al parque, salió del parque. Natalie y yo estábamos exhaustas. Era un día soleado y ya había corrido más que nunca en mi vida, incluso contando lo que corre uno cuando es niño, que de hecho es más que lo que corre un adulto sedentario como yo. Pero no paramos, seguimos. Pepe corrió hasta Benavides, volvió…

Pepe, Natalie y yo nos cruzamos con un chico que limpia los autos, trato de coger a Pepe, tenía un palo en la mano, soltó el palo y se echó encima de Pepe. Pepe, hermoso y defendiéndose, le mordió el brazo. Le mordió el brazo horrible, le sacó la mierda. Nosotras nos quedamos lelas pero luego nos dimos cuenta que ese chico mentía. Mientras trataba de cogerlo había dicho que él lo iba a llevar a su casa, que conocía a su dueño. ¡Mentira! Pepe no se dejó con él y empezó a caminar con nosotras camino a casa.

Una cuadra más cerca de la casa paro. Por fin paro. Exhausto. Exhaustos los 3. Paro en la puerta de alguien que había dejado un pote con agua para los perros de la calle. Pensé que tal vez vivía ahí. Pepe era (o es Dios quiera) un cocker spaniel de color beige precioso y de esa ventana asomaron 2 ó 3 perros similares. Toqué el timbre y pregunté pero no, no era su casa. La chica que abrió me explicó que dejaba el pote siempre en verano y bla bla, una excelente persona, al menos con los animales sin hogar, muy amable conmigo también.

Pepe tenía una especie de lazo/corbata de colores navideños de esos que ponen en las peluquerías tras bañarlos. Mi amiga Natalie, que es súper listilla, le desamarró la corbata navideña y la convirtió en una correa cortísima, súper incómoda para llevarlo (a menos de que la lleve un enanito) pero una correo de todas formas. Lo llevamos a la casa. Se dejó muy tranquilo.

En esa época yo vivía con mi abuelita, llegamos a su casa, le dimos agua, probamos con comida casera y nada, entonces le compramos bolitas y nada, solo quería agua el pobre, estaba deshidratadísimo. Luego ya comió y pasó un mes o dos hermosos meses en la casa. Igual buscamos la manera de reunirlo con su familia humana de origen. Puse carteles en los postes, donde no veía Serenazgos porque está prohibido me enteré, puse anuncios por Internet, conocí mucha gente bacán en esta búsqueda. Llamaron algunas personas. Me preguntaban si lo vendía. Querían pagarme 200, 400 soles por Pepe. ¡Qué atrevidos! Les decía que no y si insistían les cortaba. El tiempo que Pepe estuvo en la casa con nosotros se portaba muy bien conmigo pero al resto de la familia los mordió, un par de veces a mi mamá y un par de veces a mi sobrinita. Y se fue todo a la mierda. No es que pensaba quedarme con él pero si no encontrábamos a su familia, pasaría naturalmente. Pero no pasó. Lógicamente Pepe tuvo que irse, les dejó unas marcas horribles a mi mamá. En realidad ella era muy buena con Pepe pero cuando yo tenía que trabajar editando mis fotos la encargada de sacar a Pepe del cuarto era ella. Pepe me sacaba el brazo del teclado con su cabeza, no me dejaba trabajar las fotos. A mi me parecía muy dulce pero yo tenía que trabajar y ahí es donde entraba mi mamá y Pepe no más la veía venir y se ponía furioso. Pobre mi Pepe.

Quien lo quiso adoptar fue Lucio, un señor ahora insoportable que hace diversos trabajos en mi cuadra, caballero, se lo llevó una mañana en la que yo preferí no levantarme de mi cama, no abrí ni los ojos, sólo oía, pero no quería ni oir. La verdad es que yo tiendo mucho a la depresión y no pude hacerlo de otra manera, estuve con él horas antes pero cuando tuve que despedirme finalmente fue así. Dicen que Pepe se fue contento, eso espero.

Un tiempo después recibí una llamada de un hombre que decía ser el dueño de Pepe. Le conté que ya lo había dado en adopción y me dijo que quería venir a hablar conmigo. Vino.
Era un tipo rarísimo. Me empezó a hablar de lo fino que era Puccini (así le había puesto el pelotudo, la verdad es que lo recuerdo con fastidio no sé bien porque…). Me dijo que por cruzarlo le pagaban $200 dólares y no sé que otras cojudeces sin importancia. También me dijo que su esposa estaba en la esquina esperando pero que no quería venir porque le daba mucha pena y estaba llorando. Rarísimo. A mi me sonó a ñanga. La cosa es que le dije con quien estaba viviendo Pepe y fue a buscarlo. Me metí a la casa.

Al día siguiente me encontré con Lucio. Me dijo que Pepe se había perdido, que ya no se lo podía devolver al señor. Que igual le caía pésimo así que no se lo quería dar. Mmmm. Yo no me di cuenta que era mentira porque soy súper cojuda. A los dos días se me acercó otra vez y me dijo que por si aca era mentira que se había perdido, que el señor fue a su casa en San Genaro, Chorrillos y que él le tapó la boquita a Pepe para que no haga bulla. Una mierda todo. Pero al menos ahora me decía que Pepe estaba en su casa, vivo y bien. Yo me animé a dárselo a él porque me dijo que tenía otro perro y que iban a ser amigos… Creo que estoy quedando como una pava al postear esto. jajaja. pero así soy yo.

Buen tiempo le seguí preguntando a Lucio por la salud de Pepe, que que tal le iba con el otro perrito, me contaba que se iban a pasear juntos, que dormían juntos, que todo estaba muy bien. Yo estaba algo tranquila imaginando esa situación en la que estaba Pepe, acompañado, contento.

Poco tiempo después me encontré con la hija de Lucio en la calle y le pregunté por el famoso Pepe. “¡¡¿¿Quién??!!” me respondió. “¿Qué Pepe?” Y yo me quedé congelada. “Pepe pues, el perrito”.- le dije. “Ahhhh ¡Lassie! Bien”.- contestó. Nos cagamos de risa. Pensé pobre Pepe pero que chucha que le digan Lassie si le dan un hogar feliz.

Así que Pepe se volvió Lassie. El supuesto “dueño” (si es que se le puede decir a alguien dueño de alguien) se quedó sin su negocio de reproducción de pedigree y yo me quedé sin Pepe.

Una vez comentando con mi amiga Fifi acerca de Pepe y de como se encariñó conmigo así tan rápido y tan bonito y me dijo “Pero claro pues Tesi, si lo perseguiste por las calles como una loca. Se dió cuenta que estabas enamorada de él”.

Como extraño esas épocas en las que podía conversar con Fifi por horas por teléfono, correr con Natalie por las calles y abrazar a Pepe para dormir.

 

¡Cómo te extraño!

octubre 10, 2016

Estoy escuchando una canción de polos y me he acordado de ti. Si seré friki…

Es la melodía que me hace sentir ganas de estar contigo. Te extraño mucho. Te he extrañado tantos años. Me has hecho tanta falta. Y hoy ya he dejado de llorarte pero no por eso he dejado de extrañarte. No puedo dejar de querer volverme chiquita otra vez, chiquita y con cerquillo mal hecho pero contigo nuevamente.

Quisiera también haberte conocido de adultos los dos, porque no pude crecer tan rápido y tú no pudiste esperar. Y ahora estoy aquí pensando en ti, tan “adulta”, con tanto tiempo para conocerte y ya no estás.

Pasarán años para volvernos a ver. Espero poder reconocerte ahí, apenas nos encontremos, los dos iguales. Juntos otra vez. Y hasta ese día, aunque no lo quiera así, te echaré de menos.

 

 

Tiempo para escribir

octubre 7, 2016
Dicen que uno nunca está contento con nada, pero ¡cómo extraño escribir!
Cuando escribo siento que me desahogo. Me hace sentir viva.
Ahora tengo un trabajo que me gusta, de medio tiempo, en cierto modo tranquilo, algo que va conmigo, me gusta. Pero me ha hecho recordar que amo escribir y hace muchos meses que no lo hago.
Por eso me tomo estos dos minutos, o menos, en tipear un poco, para retomar y para saludar a quien lea mi blog todavía, que los extraño mucho, extraño mucho los comentarios.
Estamos juntos nuevamente.

¿Y si hago muñecas?

noviembre 25, 2015

Mi vida laboral se está yendo por el caño.

El año pasado me fue muy bien dando clases particulares de inglés. Me sentía satisfecha con mi trabajo (de ser millonaria, lo hubiera hecho gratis de todos modos), ayudé a muchos niños y adultos, gané regularmente bien. A decir verdad, comparándolo con mis otros trabajos, mucho más que bien. Y manejaba mis horarios. Igual mientras daba clases, seguí con mi negocio de cuadros fotográficos y me sentí valorada también por ese lado. ¡Todo alegría!

Pero este año mi situación laboral va de mal en peor. Y me pregunto ¿será momento de empezar a hacer muñecas y venderlas por Internet? Me ha provocado mucho la idea. También he pensando en buscar un trabajo part time en un café, hostel o algún similar para aprovechar mis mañanas libres y mi inglés.

He vuelto a escribir porque últimamente he recibido algunas visitas en el blog y me da pena no haberlo actualizado en este tiempo. Además extraño escribir aquí… Debo confesar que he estado sacándole la vuelta al blog con uno que he abierto hace unos meses de desordenes alimenticios y otros, cosas de la terapia.

Espero volver pronto por aquí. Y espero ya haber decidido si esta temporada 2016 me dedicaré a las manualidades, a servir café o a conversar con huéspedes varados.

Un besito. :D