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¿Dónde habré dejado mis llaves?

julio 18, 2017

Hoy llegué al edificio, donde vivo ahora, con cuatro chocolates para comer rápidamente antes de que llegue Eduardo y me pille. Toqué el intercomunicador porque, para variar, los dos vigilantes estaban en otra y ni me vieron en la puerta. Me abrieron, entré, “Buenas noches, buenas noches”. Pasé veloz y subí al ascensor. En el ascensor abrí el cierre de la mochila para sacar mis llaves… ¡Mierda! No están…

¿Dónde están? ¿Dónde dejé mis llaves? No lo recordaba y no importaba tanto porque lo que importaba es que no las tenía conmigo en ese momento. Me quedé  fuera.

Me fui a sentar en una banca del patio del edificio. Un patio hermoso. Siempre quise pasar el rato ahí pero en estas circunstancias era una pesadilla. Helado. Congelado.
Le escribí a Eduardo, a mi mamá y a mi mejor amiga. Nada…
No esperé más. Abrí un Kit Kat, me lo comí. Una bolsa de M&Ms, hecha. Me fui a las escaleras del edificio y abrí el segundo Kit Kat. En este punto debo resaltar porque hago hincapié en los chocolates que me he comido y es que soy comedora compulsiva y además resistente a la insulina y tengo prohibida el azúcar.
Ahora estoy sentada en las escaleras como una señora loca. Porque ahora soy una señora y las señoras no se sientan en las escaleras de emergencia a comer chocolates compulsivamente y a escondidas. Nada más alejado. Han pasado ya dos personas y un perro. He sido descubierta. No me fui al hall de recepción para no tener que ver y oír a los de seguridad mientras pecaba y para que no me vea nadie. Ay…
Al menos no me encontró Eduardo infraganti.
Aún tengo un chocolate en la mochila y mañana tengo grupo.
¿Me lo como? ¿Cuándo me lo como? Estoy muy llena ahora.
¿Dónde diantres dejé mis llaves?…
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Pepe

octubre 26, 2016

Aún puedo recordar cuando conocí a Pepe. Fue hace unos 4 años más o menos.

Alguien en la casa, eso si ya no recuerdo quien, vino y me dijo que había un perro lindo corriendo en la calle, que había pasado cruzando la fachada y corriendo como para la manzana de enfrente.  Llamé a gritos a Natalie y salimos corriendo tras de él. A mi me aterraba la idea de que lo atropellen como atropellaron a Nikita, fue algo muy triste.

Corrimos dando vueltas a la manzana de en frente, a la manzana del costado, a la manzana de enfrente otra vez, luego cruzó 28 de julio, ¡casi me muero! Felizmente fue solo el susto, paso tranquilazo Pepe, como si hubiera cruzado cualquier cosa. Cruzamos nosotras y seguimos corriendo (y yo que ni sabía lo que era correr). Llegó hasta la altura de la bodega de la señora china y volteó a la derecha, cruzó nuevamente una calle jodida y llegó al parque de Almudena (antes conocido como el parque de Nicholas). Entró al parque, salió del parque. Natalie y yo estábamos exhaustas. Era un día soleado y ya había corrido más que nunca en mi vida, incluso contando lo que corre uno cuando es niño, que de hecho es más que lo que corre un adulto sedentario como yo. Pero no paramos, seguimos. Pepe corrió hasta Benavides, volvió…

Pepe, Natalie y yo nos cruzamos con un chico que limpia los autos, trato de coger a Pepe, tenía un palo en la mano, soltó el palo y se echó encima de Pepe. Pepe, hermoso y defendiéndose, le mordió el brazo. Le mordió el brazo horrible, le sacó la mierda. Nosotras nos quedamos lelas pero luego nos dimos cuenta que ese chico mentía. Mientras trataba de cogerlo había dicho que él lo iba a llevar a su casa, que conocía a su dueño. ¡Mentira! Pepe no se dejó con él y empezó a caminar con nosotras camino a casa.

Una cuadra más cerca de la casa paro. Por fin paro. Exhausto. Exhaustos los 3. Paro en la puerta de alguien que había dejado un pote con agua para los perros de la calle. Pensé que tal vez vivía ahí. Pepe era (o es Dios quiera) un cocker spaniel de color beige precioso y de esa ventana asomaron 2 ó 3 perros similares. Toqué el timbre y pregunté pero no, no era su casa. La chica que abrió me explicó que dejaba el pote siempre en verano y bla bla, una excelente persona, al menos con los animales sin hogar, muy amable conmigo también.

Pepe tenía una especie de lazo/corbata de colores navideños de esos que ponen en las peluquerías tras bañarlos. Mi amiga Natalie, que es súper listilla, le desamarró la corbata navideña y la convirtió en una correa cortísima, súper incómoda para llevarlo (a menos de que la lleve un enanito) pero una correo de todas formas. Lo llevamos a la casa. Se dejó muy tranquilo.

En esa época yo vivía con mi abuelita, llegamos a su casa, le dimos agua, probamos con comida casera y nada, entonces le compramos bolitas y nada, solo quería agua el pobre, estaba deshidratadísimo. Luego ya comió y pasó un mes o dos hermosos meses en la casa. Igual buscamos la manera de reunirlo con su familia humana de origen. Puse carteles en los postes, donde no veía Serenazgos porque está prohibido me enteré, puse anuncios por Internet, conocí mucha gente bacán en esta búsqueda. Llamaron algunas personas. Me preguntaban si lo vendía. Querían pagarme 200, 400 soles por Pepe. ¡Qué atrevidos! Les decía que no y si insistían les cortaba. El tiempo que Pepe estuvo en la casa con nosotros se portaba muy bien conmigo pero al resto de la familia los mordió, un par de veces a mi mamá y un par de veces a mi sobrinita. Y se fue todo a la mierda. No es que pensaba quedarme con él pero si no encontrábamos a su familia, pasaría naturalmente. Pero no pasó. Lógicamente Pepe tuvo que irse, les dejó unas marcas horribles a mi mamá. En realidad ella era muy buena con Pepe pero cuando yo tenía que trabajar editando mis fotos la encargada de sacar a Pepe del cuarto era ella. Pepe me sacaba el brazo del teclado con su cabeza, no me dejaba trabajar las fotos. A mi me parecía muy dulce pero yo tenía que trabajar y ahí es donde entraba mi mamá y Pepe no más la veía venir y se ponía furioso. Pobre mi Pepe.

Quien lo quiso adoptar fue Lucio, un señor ahora insoportable que hace diversos trabajos en mi cuadra, caballero, se lo llevó una mañana en la que yo preferí no levantarme de mi cama, no abrí ni los ojos, sólo oía, pero no quería ni oir. La verdad es que yo tiendo mucho a la depresión y no pude hacerlo de otra manera, estuve con él horas antes pero cuando tuve que despedirme finalmente fue así. Dicen que Pepe se fue contento, eso espero.

Un tiempo después recibí una llamada de un hombre que decía ser el dueño de Pepe. Le conté que ya lo había dado en adopción y me dijo que quería venir a hablar conmigo. Vino.
Era un tipo rarísimo. Me empezó a hablar de lo fino que era Puccini (así le había puesto el pelotudo, la verdad es que lo recuerdo con fastidio no sé bien porque…). Me dijo que por cruzarlo le pagaban $200 dólares y no sé que otras cojudeces sin importancia. También me dijo que su esposa estaba en la esquina esperando pero que no quería venir porque le daba mucha pena y estaba llorando. Rarísimo. A mi me sonó a ñanga. La cosa es que le dije con quien estaba viviendo Pepe y fue a buscarlo. Me metí a la casa.

Al día siguiente me encontré con Lucio. Me dijo que Pepe se había perdido, que ya no se lo podía devolver al señor. Que igual le caía pésimo así que no se lo quería dar. Mmmm. Yo no me di cuenta que era mentira porque soy súper cojuda. A los dos días se me acercó otra vez y me dijo que por si aca era mentira que se había perdido, que el señor fue a su casa en San Genaro, Chorrillos y que él le tapó la boquita a Pepe para que no haga bulla. Una mierda todo. Pero al menos ahora me decía que Pepe estaba en su casa, vivo y bien. Yo me animé a dárselo a él porque me dijo que tenía otro perro y que iban a ser amigos… Creo que estoy quedando como una pava al postear esto. jajaja. pero así soy yo.

Buen tiempo le seguí preguntando a Lucio por la salud de Pepe, que que tal le iba con el otro perrito, me contaba que se iban a pasear juntos, que dormían juntos, que todo estaba muy bien. Yo estaba algo tranquila imaginando esa situación en la que estaba Pepe, acompañado, contento.

Poco tiempo después me encontré con la hija de Lucio en la calle y le pregunté por el famoso Pepe. “¡¡¿¿Quién??!!” me respondió. “¿Qué Pepe?” Y yo me quedé congelada. “Pepe pues, el perrito”.- le dije. “Ahhhh ¡Lassie! Bien”.- contestó. Nos cagamos de risa. Pensé pobre Pepe pero que chucha que le digan Lassie si le dan un hogar feliz.

Así que Pepe se volvió Lassie. El supuesto “dueño” (si es que se le puede decir a alguien dueño de alguien) se quedó sin su negocio de reproducción de pedigree y yo me quedé sin Pepe.

Una vez comentando con mi amiga Fifi acerca de Pepe y de como se encariñó conmigo así tan rápido y tan bonito y me dijo “Pero claro pues Tesi, si lo perseguiste por las calles como una loca. Se dió cuenta que estabas enamorada de él”.

Como extraño esas épocas en las que podía conversar con Fifi por horas por teléfono, correr con Natalie por las calles y abrazar a Pepe para dormir.

 

¡Cómo te extraño!

octubre 10, 2016

Estoy escuchando una canción de polos y me he acordado de ti. Si seré friki…

Es la melodía que me hace sentir ganas de estar contigo. Te extraño mucho. Te he extrañado tantos años. Me has hecho tanta falta. Y hoy ya he dejado de llorarte pero no por eso he dejado de extrañarte. No puedo dejar de querer volverme chiquita otra vez, chiquita y con cerquillo mal hecho pero contigo nuevamente.

Quisiera también haberte conocido de adultos los dos, porque no pude crecer tan rápido y tú no pudiste esperar. Y ahora estoy aquí pensando en ti, tan “adulta”, con tanto tiempo para conocerte y ya no estás.

Pasarán años para volvernos a ver. Espero poder reconocerte ahí, apenas nos encontremos, los dos iguales. Juntos otra vez. Y hasta ese día, aunque no lo quiera así, te echaré de menos.

 

 

Tiempo para escribir

octubre 7, 2016
Dicen que uno nunca está contento con nada, pero ¡cómo extraño escribir!
Cuando escribo siento que me desahogo. Me hace sentir viva.
Ahora tengo un trabajo que me gusta, de medio tiempo, en cierto modo tranquilo, algo que va conmigo, me gusta. Pero me ha hecho recordar que amo escribir y hace muchos meses que no lo hago.
Por eso me tomo estos dos minutos, o menos, en tipear un poco, para retomar y para saludar a quien lea mi blog todavía, que los extraño mucho, extraño mucho los comentarios.
Estamos juntos nuevamente.

¿Y si hago muñecas?

noviembre 25, 2015

Mi vida laboral se está yendo por el caño.

El año pasado me fue muy bien dando clases particulares de inglés. Me sentía satisfecha con mi trabajo (de ser millonaria, lo hubiera hecho gratis de todos modos), ayudé a muchos niños y adultos, gané regularmente bien. A decir verdad, comparándolo con mis otros trabajos, mucho más que bien. Y manejaba mis horarios. Igual mientras daba clases, seguí con mi negocio de cuadros fotográficos y me sentí valorada también por ese lado. ¡Todo alegría!

Pero este año mi situación laboral va de mal en peor. Y me pregunto ¿será momento de empezar a hacer muñecas y venderlas por Internet? Me ha provocado mucho la idea. También he pensando en buscar un trabajo part time en un café, hostel o algún similar para aprovechar mis mañanas libres y mi inglés.

He vuelto a escribir porque últimamente he recibido algunas visitas en el blog y me da pena no haberlo actualizado en este tiempo. Además extraño escribir aquí… Debo confesar que he estado sacándole la vuelta al blog con uno que he abierto hace unos meses de desordenes alimenticios y otros, cosas de la terapia.

Espero volver pronto por aquí. Y espero ya haber decidido si esta temporada 2016 me dedicaré a las manualidades, a servir café o a conversar con huéspedes varados.

Un besito. :D

El alquiler – Parte 5

mayo 6, 2015
Las llevaremos a revelar mañana que voy al centro.- piensa Margot.
                                                  *
No había sonado aún la alarma de Margot cuando escuchó unos ruidos que la despertaron instantáneamente. Habían llegado los camiones de la mudanza. Uno, dos, tres. Todos llenos de muebles extraños a la casa; algunos de mármol, otros de paja.
Lola también se había despertado. Furiosa salió a gritarle a los de la mudanza que hicieran menos bulla, “que no son horas”. 7:00am.
Y seguido de esto, Lola cogió a Melina y se volvió a acostar.
Melina se quedó con Lola unos treinta segundos y salió corriendo para mi cuarto.
A las 9 de la mañana en punto llegó un hombre con un sobretodo muy negro preguntando por las llaves. Margot dudó pero al ver la cara tan seria del hombre y recordando la llamada perdida de la señorita Bustos, accedió a darle las llaves. Además todos los muebles de mármol y de mimbre estaban sobre el grass esperando esa llave para poder entrar al 985 de José De La Fuente. El hombre del sobretodo hizo unos ademanes con las manos y metieron todo a la casa en menos de una hora.
A la tarde llegaron los nuevos inquilinos: una señora alta con la cara roja roja, el pelo blanco y un vestido de flores blancas y fondo verde y un señor muy sonriente también de cara rojiza. La señorita Bustos no había aparecido.
Suenan las llaves de la casa vecina, Margot entra a su casa.
Lola: Hola ma! ¿y? ¿revelaste las fotos?
Margot: Puta madre! De algo me olvidaba! Las llevé carajo, las llevé. Pero entré a esa tienda de la calle Capón, compré Pringles verdes, chocolates sin azúcar, chocolates con azúcar, jabones de glicerina, ¡puta madre! ​y me olvidé de revelar las fotos carajo.
Lola: Ya.

El alquiler – Parte 4

febrero 25, 2015

Domingo en la noche. Margot está limpiando las llaves de la casa con un líquido especial que compró en Sodimac dos meses atrás. Raspa, raspa y pule, raspa y pule otra vez. “Mañana viene la arquitecta. Mañana lunes 9am en punto, ¡en punto!” Ya todo está listo. Excepto las dos cajas gigantes bajo la cama de Margot. “Tengo que abrirlas, no se pueden quedar ahí de ninguna manera”.

Al otro lado del mueble Lola lee la Cosmopolitan de febrero “Especial del amor: Lencería para volverlo loco” Piensa en Baldomero… Margot la ve fijamente… La cuenta de los 30 segundos.  4, 3, 2, 1… Se ha relajado.

Margot: “Lola ¿te gustaría que fuésemos a comprar el rascador para Melina? Porque si tú me ayudas con las cajas del tío Pipo, yo te podría subvencionar con eso”. (Subvencionar es la palabra favorita de Margot cuando necesita algo de Lola).

Lola: “¿En serio? Pero espérame que termino esto y te ayudo, y vamos”… piensa un poco “La quiero morada” termina. Vuelve a su revista: “Mastúrbate! 8 beneficios de la masturbación para tu salud” Número 1, conclusión: Al parecer masturbarse reduce el estrés. Se pregunta si masturbarse le ayudará a su amiga Catalina con ese síndrome raro que tiene… Tal vez pueda masturbarse camino al cementerio y ya.

Lola cierra la revista y empieza con la caja más grande… Saca periódicos, revistas, papeles. Diplomas de cursos, ya “caducados”, del tío Pipo y un cuadro que parece ser una bendición del papa al matrimonio de los abuelitos. Algunos números de La Atalaya… “¡¿Apocalipsis ahora?!”, “El día que acabe la pobreza”, “¿Qué dice la Biblia sobre el sexo?”. Lola sonríe. “Mamá, no hay nada“.

Margot recuerda cuando su tía Lucy le dijo que en Barranco no vivía nadie. Se ve a ella misma, de unos 4 años, pasando por la plaza principal de Barranco con Frinz. Ve a mucha gente caminando, casas, tiendas, de todo. “Papá, no entiendo ¿por qué mi tía Lucy dijo que en Barranco no vive nadie si acá hay un montón de gente?”. Frinz avergonzado de la tía Lucy, su cuñada con la que compartía techo, mueve la cabeza de derecha a izquierda y al revés y le explica que la tía Lucy se refiere a “gente distinguida”. La pequeña Margot no entiende pero asiente con la cabeza. “Ya”.

Lola abre la caja mediana y encuentra tres álbumes: El primero repleto de recortes de revistas:

– Cuando la tía Lucy empezó su temporada como presidenta de las misiones o mejor dicho como presidenta de las “Obras misionales pontificias”. [Las “Obras misionales pontificias” conforman una institución de la iglesia universal y de cada iglesia en particular, encargada de infundir en los católicos, desde la infancia, el sentido misionero, y de recoger eficazmente los subsidios para bien de todas las misiones.] Wikipedia.

– Cuando se casó Margot, sociales de El Comercio, regalo de la tía Lucy.

– Cuando el primer hombre norteamericano pisó la luna en 1969 (Lola y yo soltamos una carcajada)  y algunos otros eventos del mismo estilo.

El segundo álbum tenía dentro la colección de estampitas del tío Pancho, su otro hermano. “A la basura” dijo Lola. Margot le paró la mano.

El tercer álbum no tenía ninguna foto, ni ningún recorte, mucho menos una estampita.  El tercer álbum estaba lleno de negativos. En la tapa: Federico Pflucker J. Rospigliosi.