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Román

septiembre 17, 2021

Román era bajito, flaquito pero algo barrigón, con una línea horizontal en medio del torso, algo desaliñado. Tenía las cejas vivas, eran algo anchas, casi unicejo, los ojos decían mucho, eran intensos. La boca bonita, un poco gorda, nariz sin nada que comentar. Sonrisa bonita. El pelo de loco de la calle pero recortado le quedaba bonito. La mirada miraba cerca y lejos a la vez. Nunca quiso ni un poco de compromiso conmigo. El pene minúsculo pero muy motivado a ser el mejor. Bastante cumplidor y entretenido en ese aspecto.

22/12/2017

febrero 16, 2021

Me he metido a un grupo de Crianza Respetuosa, recién hace dos semanas, hoy tocó la segunda reunión por Zoom y han tocado el tema de los papás, de nuestros propios papás, de los resentimientos, de las palabras que se dijeron, las que no se dijeron, el perdón ausente. He tenido que salir de la reunión porque no he podido seguir escuchando pero tampoco he podido pedir la palabra y contar lo que he recordado. Yo soy de las personas que si algo las pone sensibles ya no puedes hablar simplemente, porque empiezas con “Mi nombre es…” y ya empiezas a llorar como si se hubiera muerto alguien.

En este caso el otro protagonista de mi texto si se ha muerto, se ha ido de este plano mejor dicho, porque yo pienso y siento que nosotros no morimos, solo nuestro cuerpo “muere”. Bueno vuelvo a mi recuerdo de esta noche, por que la historia completa ya caería mal, como cuando alguien te cuenta tanto que te quedas exhausta y no puedes oír más porque tu cabeza podría explotar. Solo quiero contar esto acerca de las palabras dichas, del resentimiento, la pena, la tristeza, la desazón, ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué dijo eso? ¿Tanto problema fui para él? ¿Por qué?

Me casé en diciembre de 2017. Mi mamá me comentó alguna vez que mi papá estaría contento con esa boda, que él quería que me case, no sé. A mi la verdad nunca me dijo nada de eso, ni me lo dio a entender. Pero me pareció bonito que mi mamá me cuente eso. Llegó el día de la boda. Fue un matrimonio civil, en un parque muy lindo, lugar de muchos recuerdos de infancia y también de mi primera cita con mi Eduardo, mi esposo. Yo quería casarme en la Municipalidad, con los testigos y ya, todo lo demás resultaba demasiado en mi cabeza, demasiados arreglos, demasiada plata, demasiada gente, demasiado festejo, demasiado todo, demasiado ajetreo. Finalmente hoy pienso que fue bonito hacerlo ahí por todo lo previo y porque las fotos quedaron bonitas, comparado con no tomar fotos o tomarlas con un celular viejo en la Municipalidad.

Mi papá llegó cuando ya nos estábamos casando, fue una ceremonia cortita y empezó súper puntual así que mucha gente llegó durante o después. Llegó y lo vi detrás de la glorieta tomando fotos si mal no recuerdo, súper serio. Yo me la pasé casi toda la ceremonia sonriendo y riéndome un poco, igual Eduardo y en algún momento llorando un pocotón. Luego me acerqué, hice grupos, nos tomamos fotos y con mi papá hice fotos también solo nosotros y luego con mi sobrinito Nico, que por cierto ya de sobrinito no tiene nada, es un chico grande ahora y muy lindo.

En algún momento pasadas las fotos, si mal no recuerdo, nos acercamos nuevamente a mi papá y éste le dijo a Eduardo: “Bueno, ahora es tu problema” súper serio. Juro que no entendí en ese momento y sigo sin entender. Eduardo y yo nos quedamos sorprendidos y no dijimos nada. Nos agarró de sorpresa. Una cosa rarísima. En ese momento lo pasamos. Pero hoy me sigo preguntando la razón de ese comentario. Pensé… será por mi depresión de años, será porque según él yo estaba loca, todo le parecía raro, todo lo que le iba contando cuando lo iba a ver o por teléfono. “Eres una loca, como tu mamá”. Pienso que tiene que ver con mi enfermedad pero ¿ué puede hacer uno cuando está enfermo? Tomé mis medicinas muchísimos años, hasta que mi estómago se resintió tanto que cada vez que las tomaba, las vomitaba. Al dejar las pastillas, fui con una psicoterapeuta que hacía psicoanálisis, luego con una cognitiva conductual, luego con una asesora holística (la mejor de lejos de las tres, una excelente persona y además muy inteligente), luego fui con un psicólogo de EsSalud (eso no duró mucho porque ya había recorrido un largo trecho y él lo sabía así que solo me mando a repasar la cognitiva conductual). En fin, probé con el yoga, no me gustó pero probaré las veces necesarias, meditación, he tomado algunas cosa naturales, etc. Agotador. ¿Ese era su problema conmigo? Porque que yo sepa una persona deprimida no elije ser o estar así.

Hace poco se lo conté a mi mamá llorando claro, ella se puso llorosa también y me dijo que seguro era una broma de mi papá. Mi papá. Yo le dije que nadie se rió, ni siquiera él. Me han empezado unas náuseas feitas así que termino el texto aquí. Y disculpen si fue muy desagradable leerlo. La próxima vez vendré un poco menos “deprimida”.

Retomo el texto para decir que me la he creído. Desde que recordé eso, y le conté a mi mamá hace unos meses, no he podido dejar de pensar que soy un problema para mi esposo. Sé que soy un adulto pero no puedo evitar sentir eso.

¿Por qué no acortamos un poco la distancia que hay entre nosotros?

febrero 14, 2021

¿Por qué no acortamos un poco la distancia que hay entre nosotros?

Erick, mi gran amigo motivador, me sugirió que escriba acerca de la distancia, física y emocional. (Primero me había sugerido escribir de helados pero renuncié ji).

No quiero ponerme triste, ni deprimirme o empezar con temas que me hundan porque ahora tengo un muchachito (tomando la siesta a mi lado) que necesita a una mamá tranquila y/o feliz, así que he decidido sacarle la vuelta al tema de las distancias y proponerle a quien lea esto un reto mayor.

Quiero abrir un grupo de escritura, no sé bien cual sería la dinámica pero podemos ir probando. Así también acortamos un poco la distancia que hay entre nosotros, sobre todo en época de pandemia. No sé como la están pasando ustedes pero para nadie es fácil, son muchos cambios: de rutina, la enfermedad en sí, las muertes tan cercanas, el miedo, la soledad, la incertidumbre. Bueno suficiente. El grupo no sería para eso, si no para retarnos a escribir y relajarnos o desfogar, podría ser por ejemplo una vez por semana o cada 15 días y reunirnos por Google Meet o alguna de esas. Yo puedo organizarlo. ¿Quién se anima? También pondré este anuncio en alguna otra red para poder juntarnos algunos más. Si es que alguien se anima claro :)

Les dejo mi correo electrónico a quien se anime: angulopflucker@gmail.com

Muchos abrazos untados de gel desinfectante.

Tesa

En la playa

febrero 8, 2021

Cierro los ojos… Luciano duerme…

Abro los ojos y estoy en un hotel chiquito en la playa, mi terraza da al mar, estamos a unos pocos pasos de la orilla. Esta vez es un viaje de tres, hemos venido Eduardo, Luciano y yo.


Felizmente me afeité anoche así que ahora puedo olvidarme de ese tema. Salgo a la terraza, lo veo todo, lo siento todo. Todo lo bueno de sentirse tranquilo. Luciano y Eduardo siguen durmiendo. Cada uno duerme en su propia cama. Yo me voy turnando entre las dos. 

Me meto al baño a hacer pila. Salgo ya vestida y lista, hasta pude cepillarme los dientes, pasarme el hilo, todo. Cruzo el cuarto sin sandalias y en puntitas para no hacer bulla. Los dos siguen durmiendo. Vuelvo a la terraza. Miro el mar, los pájaros, va poniéndose más caliente el ambiente, va cambiando la luz también. ¡Qué rico! Cojo mi libro de Alonso Cueto y leo tres capítulos enteros. ¡Qué delicia! Tomo un poco de agua y un poco más. No tengo que tomar ni una sola puta pastilla. ¡Qué maravilla!

Me echo bloqueador. Se despiertan los chicos. Luciano sale a la terraza con esa sonrisa suya preciosísima y conmovedora, me abraza y se pega a mi teta. Luego se sienta en calma y revisa su nueva colección de piedritas y ramitas de la playa. Eduardo no sale a la terraza, me sorprendo un poco pero aprovecho y sigo leyendo un poquito más. Me canso y empiezo a dibujar a Luciano, me sale regular pero cojo un poco de su esencia, sale lindo. Empiezo a oír Sea de Jorge Drexler, es del cuarto del costado, un regalito de los vecinos, se escucha bajito, no incomoda, ni perturba.

Eduardo sale contento a la terraza y me besa, buen rato, sin apuros, con calma. Me subo encima de él. Poco después se acaba el beso y nos ponemos a conversar. Tocan la puerta, es el desayuno, ya deben ser las 8. Pedimos huevos revueltos para todos y pan; café con leche para mi. También trajeron frutas de todos los colores en un bowl mediano. Todos comemos con las manos del bowl. Luciano está feliz. Vuelve a la teta. Les pongo bloqueador. 


Nos vamos todos a la playa y nos sentamos en la orilla. Hacemos un hueco y luego Luciano sugiere un castillo. Hacemos un castillo lindo y chiquito como él. Luego nos vamos al mar. Otra vez bloqueador.Luego Eduardo y Luciano se va a la sombra a jugar con los dinosaurios que le regalamos en Navidad. Yo aprovecho y duermo un ratito. No hay nada que puedan robarnos, nada. 
Me despierto y me uno al juego, luego a la piscina. Ahí pedimos la carta y escojemos tiraditos, leche de tigre, calamares, langostinos, causa y todo lo demás. Eduado pide un plato raro con pulpo. No está mal pero se lo come casi todo él solo. 
Luciano pide la teta y la siesta, me lleva de la mano al bungalow. Le doy la teta, solo un rato y Eduardo tb se acuesta, se quedan dormidos, sigo leyendo en la terraza, escribo en mi blog un post chiquito pero bonito y mis amigos empiezan a comentarme, siento una gran alegría al saber de ellos.

Ya se acerca la hora de que se despierten. Pongo un poco de música de Christian Meier y bailo, y canto. Y sigo bailando. Luego me echo en el piso, me estiro, respiro,cierro los ojos. Eduardo se despierta antes que Luciano y sale a la terraza, bailamos juntos un rato y nos echamos en la hamaca. Me provoca hacerle cosas y cerramos la mampara, hacemos algo rápidamente y me voy a bañar. Eduardo se queda como está porque es un “cochinito”. 


Se despierta Popi (Luciano) y nos vamos a jugar a la arena otra vez. Eduardo se baña, lee, hace sus cosas y luego nos busca para ir al mar. Esperamos ahí mismo el sunset, en la arena, bajo una palmera. Es la primera vez que Luciano lo ve así, tan cerca. Está encantado, nosotros también. Empieza a llover. Sentimos la lluvia caer un rato sobre nosotros, luego nos metemos al bungalow y nos ponemos una película de niños de cuando E y yo éramos niños. A Popi le gusta. Es la décima vez que la ve y no se cansa, ni se asusta. Por eso la trajimos en un usb. Bañamos al cachorrito rapidito y lo metemos a la cama. Se ha quedado dormido.
Eduardo y yo abrimos una pequeña botella de vino. Ahora podemos tomar porque Luciano duerme de corrido hasta el día siguiente. Ponemos seguro en la puerta del cuarto y nos quedamos dormidos mirando las estrellas y riéndonos en la hamaca. 

Y Colorín colorado, así como le digo a Popi, este “cuento” se ha acabado.

* Este es un pequeño texto que hice mientras Luciano hacía la siesta, retada por mi hermoso amigo Erick Casanova.

¿Alguien quiere compartir su texto aquí? Los invito. La idea era describir un día de relajo de inicio a fin. :)

Un pedazo de cielo azul

mayo 12, 2020

Desde el patio de la casa veo un espacio claro, está entrando el sol y me siento un poco mejor. La pared es verde claro y más arriba se ve una ventana y una pared blanca, un tubo de pvc que dobla entrando a la terraza en la casa del vecino, la escalera debe estar por ahí. Sobre ese pared, sobre ese muro puedo ver finalmente un pedazo de cielo azul. Hace muchísimo tiempo que no veía ese cielo azul, creo que ni puedo recordarlo en mi vida actual. Se escuchan gaviotas volando cerca. Puedo ver el mar, la arena de las playas de abajo, esas playas de ensueño que teníamos cuando yo era chica. Puedo ver la arena, casi sentirla en mis pies, puedo sentarme y sentirla en mis manos, meter mis manos un poco más adentro, hasta el fondo, tocar un rato, sentir que la arena se humedece, sacar las manos, pararme y caminar al mar, sentirlo en mis pies y tener suerte, que no esté helado, poderme quedar ahí, caminar, cantar bajito.

Recordar las primeras veces en la playa, las últimas… Las últimas se ven tan lejanas, deben haber pasado ya unos años, unos 9 años o tal vez más.

Las primeras y las últimas fueron las mejores.

Las primeras en Cacamar, como le llamábamos a las playas de Miraflores cuando tenían arena en vez de piedras. ¡Cómo dejamos que cambie eso! Las siguientes en La Herradura ¡Qué belleza! Las primeras canciones cantadas dentro del mar y soñando.

Las últimas en San Bartolo y luego en Puerto Fiel. Los amigos, los romances, los buenos años. Todo eso me parece vivido por alguien más. Esa chica ya no se siente como yo. Esa chica sigue caminando por el caminito a ToyoSeco, sigue durmiendo abrazada, sigue esperando la noche en la arena, esperando el día en la arena.

Qué locura asomarme por la ventana y ver la pared del patio, subir por la casa del vecino y llegar al cielo azul, a las playas de abajo, a San Bartolo y a Puerto Fiel. Llegar y echarle un vistazo más a esa mujercita que no sabía lo que se venía pero que lo soñaba con todo su ser y lo intuía desde muy adentro.

Fue salir  y volver a entrar.

 

La jaula

mayo 11, 2020

Esta jaula me sofoca nuevamente. Es tan chiquita pero también tan intensa. La odio tanto. Desde siempre la he odiado, hasta he pensado que tal vez me odiaba a mi pero la odié siempre a ella. Y es que aquí nací.

A pesar de amar la madera, odio esta hermosa jaula de madera. Tiene los barrotes anchos y duros, de un color agradable pero muy maciza. Es muy difícil vivir aquí.

Este ambiente se ha vuelto denso las últimas semanas, estoy sufriendo mucho. Siempre tengo en mente cosas lindas que me hacen pensar que podré salir de aquí pero nuevamente siento mi cuerpo y recuerdo que estoy sola dentro de esta apestosa jaula.

Quisiera ser muy fuerte y poder romperla en pedazos para poder salir y ser libre, estar sana y lúcida. O en todo caso, ser muy delgadita para poder escaparme por en medio de los barrotes, a veces me parece que hay unos más separados y pienso que por ahí podría lograrlo pero estoy obesa y no puedo salir por ahí tampoco.

Hasta el día de hoy no pude sacar ni una pierna, ni un brazo, menos la cabeza por mi misma. Y es asqueroso estar aquí, no es que no quiera salir.

Una vez me dejaron salir por un momento. Salí y me dio el sol, me gustó mucho pero me empezó un dolor intenso, mi olfato se sobre estimuló y caí dentro de la jaula con una migraña de aquellas. Hoy vivo en la jaula, sigo con todos estos dolores intensos. Creo que pronto moriré. O tal vez logre salir antes. No lo sé.

 

 

Si no hiciera tanto frío

agosto 17, 2019

Si no hiciera tanto frío, me iría a pasar la mañana amamantando a mi hijo en las diferentes oficinas de Serpost de Lima. Siempre tengo paquetes pendientes que no llegan a mi edificio por alguna razón, aún no sé cual. Creo que es por el mal servicio de nuestro correo. El pedido sale de casa/oficina/almacén del vendedor rápidamente, pasa por todo el tema logístico, trepa al avión y llega a Lima, todo en cuestión de horas/días. Llega a Perú y ahí empieza el problema. Demora mucho y muchas veces no termina su recorrido aquí, si no que se queda en alguna oficina de Serpost. Lo peor es que no es siempre en la misma y hay que ir buscándolo en diferentes distritos.

Volviendo al tema de amamantar. A mi amamantar me duele [muchas veces, no todas], me agota, me desgasta, me debilita pero me hace tan feliz poder compartir el momento con mi bebito. Luciano ya tiene cuatro meses y hemos entrado en una etapa que se llama “conversacional” o algo así. Es muy lindo porque, además de sonreír, ahora suelta la teta y empieza a mirarme con intención y a hablarme. Me habla y yo le respondo, él vuelve a responder, hace sonido de pedo con su boca, lo hago yo, luego trata de silbar, silbo yo, nos reímos. Es una cosa deliciosa. Es realmente un gusto poder pasar estos momentos con él.

Por otro lado el tema de amamantar en público me encanta. Amamantar en frente de gente que conozco me gusta menos, casi me disgusta la mayoría de veces pero amamantar en frente de desconocidos me apasiona [me pasaba igual con el tema de cantar en público cuando tuve una banda o tuve la oportunidad de cantar como solista]. Pienso todo el tiempo en el momento en que llegue la primavera… podremos ir al parque, al techo del edificio, a la playa, a Chaclacayo, a comer fuera, etc. Me gusta la idea de salir con Luciano y con Eduardo.

Por el momento no hemos salido mucho, solo hemos ido al ginecólogo, al pediatra y ahora estamos yendo al centro de salud de Barranco una vez al mes. Esta semana le han puesto sus vacunas del cuarto mes y se ha dado cuenta de todo el pobre. Ni bien entramos con la enfermera, lo subí a la camilla y ella le empezó a hablar [es de lo más amorosa con Luciano]. La enfermera le mostró al búho que lee cuentos, todo lindo. Hasta que me indicó que le coja la pierna para que no la mueva y empezó a alistarse con su jeringa. Pobre Luciano, yo creo que ahí empezó a darse cuenta. Primera vacuna y empezó a llorar, luego las gotas y nos fue peor, se hizo larguísimo y tristísimo, luego una vacuna más en la misma pierna. Finalizamos con la tercera vacuna ya en la otra pierna, fue la peor. Esta última la introduce hasta el fondo, como atravesando la pierna ¡es de terror! Luego de eso me indicó que lo amamante y eso hice. Pero el pobre Lucianito ni pudo “concentrarse” en la leche y la lactada. Acabé corriendo con el coche por todo el distrito hasta llegar a la casa… y Luciano se acaba de despertar. Se acabó mi tiempo libre. Luego vuelvo :)

Desde muy adentro

octubre 19, 2018

Ahora me va a tocar obligado escribir una lista de cosas que extraño hacer. Esta vez no es un ejercicio creativo, si no algo que siento en lo más profundo.

Extraño poder tomar agua como antes, le había agarrado un gusto al agua y para mi es una gran necesidad, pero ahora debo tomarla, cuando me es posible porque no todos los días puedo, de a sorbitos y solo la paso si está congelada. Para que esté óptima uso unos hielos de plástico que venden en Casas&ideas. A veces igual tomo mis sorbitos y termino vomitándolos pero no me queda de otra.

Extraño también poder dormir sin dolor y de corrido. Pasa que mi migraña se ha enfurecido desde hace casi tres meses y no me deja ni por la noche. Dolores de cabeza intensos tuve desde que tengo uso de razón o casi, pero la migraña en sí la tengo desde 2016 y es realmente espantosa. He pedido ayuda esta semana y Tito, un gran amigo, me ha conseguido cita con un fisioterapeuta. Tengo esperanza y fe en que él me ayude. La cita es mañana y yo cruzo los dedos, todos, también los de los pies. 

Extraño poder pasar un momento de relajo con Eduardo. Entre mis malestares, vómitos y migraña no queda espacio para mi relación conyugal, jaja suena atroz pero en verdad qué difícil se hace vivir con tanto dolor. Ya no podemos ni ir al techo por la luz del día, ni ver una película entera, nada.

Extraño también mi tiempo a solas, no estoy apta para leer, ni para hacer yoga y sinceramente estoy casi todo el tiempo en un bajón o vomitando de todos los colores y texturas. 

Lo hermoso de estas 14 semanas de bajón y dolor, estrés y odio a todo el que fume en la calle mientras paso o cuando llego al trabajo (de verdad siento mucho odio, tal vez eso tampcoo ayude en mi recuperación pero no sé como enfocarlo de otra forma, se reciben tips). Lo bello, lo hermoso es que a veces, por momentos, la migraña se va y el malestar se suaviza, esto dura poquito tiempo, unos minutos, pero en esos preciados, lindos minutos recuerdo que puedo hablar con mi bebé y aunque él o ella no entienda bien lo que le digo son los mejores momentos del día, le digo “Hola”, que lo quiero mucho, que tengo malos momentos pero que él gracias a Dios está bien, perfecto (que sinceramente es lo más importante al final) , le digo que esté tranquilo. Le digo también que él/ella es lo que desee siempre,  que ahora estamos juntos y que ya quiero tenerlo conmigo. Luego le agradezco a Dios. En realidad le agradezco antes, durante y después de estas charlas. Le agradezco siempre porque es un regalo, el mejor regalo para mi. 

A Dios todavía no lo tengo muy definido en mi mente, pero sé que está cuando le hablo. Siempre. 

Gracias.

Ejercicio creativo número 1

agosto 6, 2018
¿Qué me gusta?
1. Me gusta el mar, sobre todo si está tibio.
2. Me gusta escribir.
3. Me gusta cantar.
4. Me gusta tirar.
5. Me gusta dar clases particulares de inglés.
6. Me gusta hacer proyectos fotográficos, sobre todo con Fifi.
7. Me gusta cuando tengo muchas ideas creativas. No me pasa muy a menudo.
8. Me gustan algunos postres sin azúcar.
9. Me gusta la idea de tener un hijo(a).
10. Me gusta Eduardo Carrión. Número 10 jijiji.
11. Me gusta Luciano Castro.
12. Me gusta Buenos Aires.
13. Me gusta el tango.
14. Me gusta Hombres G.
15. Me gusta pensar en las cosas que me gustan. :)
¿Qué no me gusta?
1. No me gusta que la gente opine tanto acerca de lo que como o no como.
2. No me gusta la gente que inicia rumores en los trabajos.
3. Mi chamba (sinceramente).
4. No me gusta cuando los chicos piensan que porque eres amable es porque quieres estar con ellos o, peor aún, por que te los quieres tirar.
5. No me gusta la gente que me pregunta todo el tiempo porque no me embarazo ya.
6. No me gusta levantarme temprano por obligación.
7. No me gusta cuando la gente se sorprende de mis alergias alimentarias.
8. No me gusta sentir ansiedad.
9. No me gusta no poder viajar lejos en auto.
10. No me gusta extrañar a las personas que ya están en otro plano.
11. No me gusta recordar mi pasado.
12. No me gusta que las playas de Lima se hayan vuelto una cagada por la ineficiencia o desidia de sus autoridades.
13. No me gusta el ají de gallina.
14. No me gusta la hipocresía.
15. No me gusta Arequipa.
¿Qué les gusta a ustedes? ¿Y qué no les gusta?

Por las noches

junio 8, 2018

Por las noches sueño cosas loquísimas, no sé si es que nadie cuenta sus sueños o es que nadie sueña las cosas raras que yo.

El otro día no sé porque recordé un sueño que tuve el año pasado.

Estaba yo en una especie de burdel/telo con iluminación verdosa, las paredes eran también verdes y estaban viejas, como carcomidas por el tiempo. Era un lugar sucio pero yo no estaba desesperada como podría suponer por mi fobia a la suciedad de la vida real. Me sentía cómoda ahí.

Me veía de lo más tranquila caminando entre recovecos y cuartos súper extraños. Entraba a uno y estaba en la cama un gordo terrible, como un indigente, totalmente malaspectoso y yo iba seduciéndolo con mi caminar. Me di cuenta de que era una prostituta. Andaba con mis taquitos por todo el burdel entrando y saliendo de diversos cuartos y rincones del lugar. Había otras mujeres como yo y las sentía como colegas. Fue un sueño rarísimo pero a mi me resultó interesante ver ese lugar, estaban los cuartos llenos de lámparas con luces ténues, cuadros antiguos (todo un desorden) y gente de lo más particular.

Yo siempre sueño cosas de sexo, la mayoría pesadillas, y las tengo desde muy niña pero es primera vez que sueño que soy prostituta. Me ha venido bien este sueño porque no hubo forcejeo, ni me sentí mal. Diría incluso que no fue una pesadilla, fue agradable verme ahí.

Estuve leyendo hace unos días acerca de las vidas pasadas y estoy sospechando que tal vez a eso se debe tanta repetición de tipo sexual en mis sueños.

¿Ustedes tienen sueños repetitivos? ¿De qué tipo?